¿QUÉ ES UNA BUENA INVERSIÓN?

Los cinco criterios de una buena inversión

Todos estamos cada vez más desbordados, a diario, por propuestas de inversión procedentes de seudo «expertos», ya sean asesores financieros, coaches de inversión o, peor aún, influencers, convencidos todos ellos —es por lo demás su punto en común— de haber encontrado la martingala para hacer fortuna y que nos inundan de artículos de prensa, correos electrónicos, vídeos, solicitudes o consejos de inversión para lograr sus fines.

Cada uno de ellos quiere persuadirle de su análisis para realizar la mejor inversión, con la particularidad de que sus consejos cambian tan súbitamente como la actualidad: inmobiliario, obligaciones, acciones, private equity, criptomonedas…

La realidad, sin embargo, es distinta.

Si bien no existe una definición propiamente dicha de lo que debe o puede considerarse un «buen inversión», sí es posible determinar qué criterios debe reunir una inversión de calidad para dar plena satisfacción a su inversor.

Hemos identificado cinco : la inflación, la rentabilidad, la serenidad, la seguridad, el tiempo.

La inflación

El primer criterio que debe cumplir una buena inversión es, ante todo, ser superior a la inflación, neta de gastos (i) y de fiscalidad (ii).

Tomemos un ejemplo: si su producto de capital garantizado le reporta un +1,5% anual bruto pero la inflación se sitúa en el 2% ese mismo año, usted pierde, concretamente, un 0,5% de poder adquisitivo cada año y, contrariamente a la apariencia de una cifra positiva (+1,5%), en realidad se empobrece lenta pero inexorablemente año tras año.

Segundo ejemplo: si esta vez su inversión reporta un +2,2% bruto de gastos y de fiscalidad, pero siempre con una inflación del 2%, podría verse entonces tentado a creer que ha ganado un +0,2% anual (lo que ciertamente es poco, pero al menos sigue siendo positivo).

Por desgracia, olvida usted los gastos y la fiscalidad, que en realidad recortan su rendimiento del +2,2% y lo reducen. Así, si su producto contempla en su contrato un 0,5% de gastos y una fiscalidad del 30% en su país de residencia fiscal (Francia o los Estados Unidos, por ejemplo), su rendimiento bruto del +2,2% cae al +1,7% (ya inferior a la inflación, que sigue estando en el dos en nuestro escenario), mientras que ese +1,7% restante, bruto de gastos pero todavía no de fiscalidad, será después gravado al 30% por su país de residencia, es decir, en nuestro ejemplo, otro 0,51% adicional que se irá en impuestos. En definitiva, el saldo neto de gastos y de fiscalidad será, pues, de un +1,19% de rendimiento, es decir, siempre menos que la inflación de ese mismo año.

Balance: sigue usted perdiendo dinero.

El primer criterio es por tanto claro: hay que batir ampliamente la inflación, incluyendo los gastos y la fiscalidad, para preservar su poder adquisitivo e incrementar su patrimonio.

La rentabilidad

Este segundo criterio es, evidentemente, el más sencillo y el más evidente de todos, ya que atañe a la esperanza de ganancia legítima y normal que todo inversor espera obtener de su inversión.

Naturalmente, cuanto más elevada es, más atractiva resulta.

Pero este criterio por sí solo, aunque fundamental, no debe ocultar la importancia de los demás y nunca debe, por sí mismo, guiar una decisión de inversión.

Por lo demás, es la rentabilidad neta la que debe tenerse en cuenta, mucho más que la rentabilidad bruta.

La serenidad

Tercer criterio – el más a menudo subestimado por los inversores en busca de rendimiento – y sin embargo indispensable a largo plazo: la serenidad.

En efecto, la serenidad asociada a una inversión es fundamental en el tiempo debido a la volatilidad propia de ciertas clases de activos.

Así pues, ¿cómo concebir de forma duradera una inversión si no se ajusta a sus principios, a sus valores y a su capacidad para soportar importantes variaciones de su capital? Si ya no duerme porque su inversión ha perdido un 10, 20, 30 o incluso un 50% de su valor en un instante a causa de los avatares de los mercados, de las tensiones políticas o de cualquier otro acontecimiento, entonces no es definitivamente una buena colocación para usted, sea cual sea su rentabilidad esperada a plazo.

La rentabilidad y el enriquecimiento no deben lograrse en detrimento de su calidad de vida, de su salud y de su serenidad de espíritu.

La seguridad interna y externa

Cuarto criterio, aún más a menudo subestimado que el anterior: la seguridad interna y externa de su inversión.

En el terreno de la seguridad externa, es lo que les ocurrió, en particular, a los inversores de la sociedad Yukos, agrupados entre mayoritarios en la sociedad GML Ltd.

Lo que se designa como «el asunto Yukos» hace referencia a un arbitraje dictado en un litigio que enfrentaba a la sociedad GML Ldt, que reunía a los accionistas mayoritarios de la sociedad petrolera Yukos, con la Federación de Rusia. En 2005, GML inició un procedimiento de arbitraje sobre la base del Tratado sobre la Carta de la Energía, adoptado en La Haya el 17 de diciembre de 1991 y en vigor desde 1998, en particular de su artículo 13, que prohíbe las expropiaciones sin compensación adecuada y efectiva, cuando los principales activos de la sociedad Yukos habían sido transferidos a las sociedades Rosneft y Gazprom, controladas por la Federación de Rusia, sobre la base de acusaciones de fraude y de irregularidades fiscales contra su dirigente, el Sr. Khodorkovsky, opositor político del Presidente de la Federación de Rusia. Esta situación condujo a la quiebra de Yukos, compañía creada por decreto en 1993 sobre las ruinas de la URSS, y al encarcelamiento de sus dirigentes, lo que llevó a una condena de Rusia por el TEDH en 2011 y a su desmantelamiento.

Aunque la Federación de Rusia fue condenada en 2015 por un tribunal arbitral, las condenas nunca pudieron ejecutarse y los inversores nunca pudieron recuperar su dinero.

Este ejemplo relativo a la Federación de Rusia no es un caso aislado y otras situaciones idénticas se han producido con otros Estados y en otros contextos.

Conviene, no obstante, extraer una enseñanza de estas experiencias pasadas: incluso la inversión más rentable del mundo no vale nada si no está asegurada y si no garantiza a su inversor un retorno cierto.

Por lo demás, esta seguridad no es únicamente política o geopolítica, sino que afecta igualmente a la situación personal del inversor que, si tiene deudas (fiscales, sociales, familiares, profesionales, etc.), o llegara a tenerlas durante la vida de su inversión, podría ver embargados sus activos, en primer lugar sus inversiones más rentables. En efecto, ¿de qué sirve tener las mejores colocaciones del mundo si todo el mundo, incluido el Estado, puede embargárselas a la primera ocasión?

Es lo que se denomina la seguridad interna.

La fiducia (la fiducia del derecho francés) aporta aquí una doble ventaja y responde perfectamente a estas problemáticas al garantizar la inembargabilidad de los activos, confiando al mismo tiempo la responsabilidad de esta elección al Fiduciario que, más experimentado, puede evitar este tipo de escollo y proteger al inversor.

El tiempo

Quinto y último criterio de una buena inversión: el tiempo que requiere su gestión.

Este criterio, subestimado por las personas con patrimonio reducido, es en realidad el más observado y el más importante para las personas con grandes patrimonios, puesto que condiciona el tiempo y la implicación que impone tal inversión para asegurar su seguimiento efectivo y óptimo.

Tomemos el ejemplo del inmobiliario (en directo), que es, sin duda, la peor inversión posible en términos de ratio rentabilidad / tiempo.

Si dispone de 300.000 euros para invertir y elige invertirlos en inmobiliario, puede razonablemente esperar un rendimiento comprendido entre 2,7 y 6,5% de rendimiento bruto de fiscalidad, lo cual, por una parte, no es extraordinario en sí comparado con otras inversiones pero que, además, exigirá que asegure el mantenimiento regular del bien (i), la gestión del alquiler – entrada/salida, inventario, recibos de alquiler, requerimientos, procedimientos de cobro e incluso de desahucio, puesta a punto, etc… (ii), el riesgo de impago, (iii) el seguro, (iv) la adecuación de la vivienda a la normativa local del país en el que se sitúa ese bien, (v) la búsqueda de artesanos y de empresas capaces de realizar las obras y de supervisar los trabajos y (vi) participar en las juntas generales de la comunidad de propietarios, sin olvidar (vii) todos los demás imprevistos (fuga de agua el domingo a las 22H, aire acondicionado averiado, problema de electricidad, etc…), (viii) o incluso los conflictos de vecindad y los litigios con los servicios de urbanismo o del Ayuntamiento…

Todas estas gestiones, que se acumulan y se suceden (a veces de forma exponencial cuando hay varios bienes inmobiliarios que gestionar), constituyen no solo dinero (que va mermando la rentabilidad del bien) sino sobre todo tiempo, su tiempo, que nunca se renueva y que, cuando lo dedica a la gestión de un bien inmobiliario, no puede lógicamente ser utilizado para otras actividades potencialmente más rentables o más gratificantes.

Por consiguiente, si una inversión le cuesta cada mes, cada semana o cada año demasiado tiempo en relación con su rentabilidad, técnicamente no es una buena inversión.

Naturalmente, usted puede delegar esta gestión en un tercero, pero ello le ocasionará gastos adicionales que reducirán aún más la rentabilidad y, por tanto, necesariamente, el interés de la clase de activo.

Como habrá comprendido, la inversión perfecta debe poder liberarle el espíritu de todas sus limitaciones y, en el mejor de los casos, enriquecerle sin que usted tenga nada que hacer.

¿Qué mejor que una transferencia, cada mes, cada trimestre o cada año a su cuenta bancaria sin tener nada que gestionar y poder disfrutar plenamente de la vida?

La reunión de estos cinco criterios de inversión es lo que consideramos, como abogados fiduciarios, un buen inversor y son, en consecuencia, las inversiones que identificamos y seleccionamos para nuestros clientes en el seno de nuestros contratos y demás fondos fiduciarios.

En conclusión, no hay inversiones buenas o malas propiamente dichas, sino más bien tipos de inversiones compatibles o no con el perfil, la historia, los proyectos y las expectativas de cada inversor en función de su situación personal y del contexto económico en el que se encuentra.

Esta constante evolución del sector financiero exige con mayor razón estar bien rodeado y bien asesorado cuando se trata de invertir el fruto de toda una vida de trabajo.

El hecho de tener ahorros no significa que deba invertirlos de cualquier manera.

Preguntas frecuentes: ¿qué es una buena inversión?

¿Cuáles son los criterios de una buena inversión?

Una buena inversión se basa en cinco criterios: la protección frente a la inflación, la rentabilidad, la serenidad (sencillez de gestión), la seguridad interna y externa, y el tiempo (horizonte de inversión). El equilibrio entre estos criterios prima sobre el rendimiento por sí solo.

¿Cómo protegerse de la inflación?

Para preservar el poder adquisitivo del capital, conviene privilegiar activos cuyo valor progrese al menos al ritmo de la inflación: acciones, inmuebles, activos reales. Dejar el ahorro dormido en liquidez lo expone a una erosión silenciosa.

¿Hay que privilegiar la rentabilidad o la seguridad?

Ambas deben equilibrarse en función de su perfil. Una rentabilidad elevada suele ir acompañada de un riesgo mayor. Una asignación de activos diversificada permite aspirar a un rendimiento satisfactorio controlando al mismo tiempo el riesgo.

¿Por qué el tiempo es esencial en la inversión?

El tiempo suaviza la volatilidad, permite que actúe el interés compuesto y reduce el riesgo de pérdida. Un horizonte de inversión largo autoriza una asignación más dinámica y, por tanto, un potencial de rendimiento superior.

¿Cómo invertir bien un capital importante?

Un capital importante no se invierte de cualquier manera: requiere una asignación de activos diversificada, adaptada a sus objetivos y a su horizonte, así como un seguimiento regular. El acompañamiento de un profesional asegura estas decisiones.

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