FIDUCIA, MUERTE, DINASTÍA Y MÁS ALLÁ

Transmission de patrimoine sur plusieurs générations

¿Se puede transmitir la fortuna a lo largo de varias generaciones ?

Según un estudio estadounidense de la Universidad de Pensilvania de los años 1980, el 70% del patrimonio familiar transmitido al fallecimiento se habrá evaporado ya en la segunda generación, y cerca del 90% en la tercera generación. Este fenómeno, apodado la « maldición de las tres generaciones », no esperó a este estudio estadounidense, sino que se encuentra en realidad, desde tiempos inmemoriales, en todas las culturas.

En efecto, estas estadísticas parecen confirmar un adagio bien conocido del mundo económico según el cual el padre crea, el hijo mantiene y el nieto dilapida. Dando a entender que la segunda generación viviría del éxito del fundador, mientras que la tercera, nacida con una cuchara de plata en la boca, se mostraría ociosa y acabaría poniendo fin a la aventura empresarial familiar. Esta maldición llamada de la tercera generación no afectaría únicamente a las casas francesas. La misma idea se encuentra en otras lenguas, como el brasileño («padre rico, hijo noble, nieto pobre«), el inglés («de zueco a zueco, no hay más que tres generaciones«) o incluso el chino («la fortuna nunca sobrevive a la tercera generación«).

Varios ejemplos actuales lo recuerdan, como el desplome, en Francia, del grupo Lagardère en tan solo unos años.

Más recientemente, en 2018, McKinsey indicaba que desde 2010 una empresa del S&P 500 tenía una esperanza de vida media de 14 años, frente a 90 en 1935; y la tendencia a la baja no hace sino acentuarse.

En un mundo ensimismado y cada vez más egoísta e individualista, la época es la de la precariedad de todas las cosas, y la preservación del trabajo y de los esfuerzos ajenos ya no es la regla.

Pero, después de todo, dentro de 100 años, ¿quién se acordará aún de usted? Dentro de un siglo, todos estaremos enterrados con nuestros padres y amigos. Unos desconocidos vivirán en la casa que tanta energía le costó comprar y poseerán absolutamente todo lo que usted tiene hoy. El coche de moda que compró por una pequeña fortuna estará en el desguace y sus descendientes no sabrán quién fue usted ni se acordarán siquiera de usted. Después de todo, ¿cuántos de nosotros conocen al padre de nuestro abuelo?

Tras su muerte, se le recordará a lo sumo durante unos pocos años. No seremos más que un retrato en un álbum de fotos en la biblioteca de alguien y, algunos años más tarde, su historia, sus actos, sus fotografías ya ni siquiera existirán y, para esas personas que vivirán en lo que hoy poseemos, no seremos ni siquiera un recuerdo.

¿Pensará su tataranieto, aunque solo sea un instante, en los esfuerzos que usted tuvo que realizar y en los riesgos que asumió para adquirir ese patrimonio cuando vea su fotografía, amarilleada por el tiempo, en un álbum polvoriento, ni siquiera en los de su bisabuelo (su propio hijo) o en los de sus antepasados, cuando reciba una importante transferencia y bienes inmuebles en concepto de herencia sin haber realizado el menor esfuerzo salvo el de haber nacido?

¿Tendrá su bisnieto/a las mismas capacidades, las mismas ganas, los mismos encuentros o, siquiera, la misma suerte que usted? ¿Querrá conservar y preservar todo ello o preferirán dilapidarlo en unos meses o unos años?

Lo que hacen las grandes fortunas para perdurar

En la práctica, nada es menos seguro.

Por lo demás, el riesgo dista mucho de ser teórico y, llegando a las mismas constataciones, los multimillonarios estadounidenses (W. Buffet, P. Allen, S. Jobs, B. Gates, etc…), europeos y asiáticos se comprometen todos a donar su fortuna a fundaciones absteniéndose metódicamente de transferirla a sus hijos (tras haberse asegurado mediante Trusts y fiducias del derecho francés de que nunca carecerán de nada), no solo para que no la dilapiden estúpidamente en divorcios y otros gastos frívolos sino también, y sobre todo, para obligarles a tener el gusto por el trabajo y por el esfuerzo pese a haber crecido en el lujo desde la más temprana edad.

La caída no es sin embargo una fatalidad, en particular para los miembros de la asociación de los Hénokiens. Esta asociación que reúne a las empresas familiares y bicentenarias. Entre los 52 afiliados (solamente): la familia Hoshi, posadera desde 718 en Japón, permite mantener la esperanza y decirse que todo sigue siendo posible a condición de estar bien organizado.

Pero más allá de los principios y de la esperanza, hay sobre todo una realidad, una tecnicidad y un rigor en la organización y la protección del patrimonio que deben imperativamente implantarse cuanto antes para quienquiera que tenga ambiciones para su patrimonio y quiera resultados.

A este respecto, cabe recordar que el hombre más rico de la Historia, John D. Rockefeller, fundador de la Standard Oil, había tomado la costumbre de repetir esta frase desde entonces célebre « Lo que cuenta no es poseerlo todo, sino controlarlo todo », quien añadía « desconfiar de la ingratitud de los propios hijos más que de nada ».

El ejemplo de los Trusts Rockefeller

Aplicando al pie de la letra sus propios principios, John D. Rockefeller creó varios trusts, uno por hijo, para asegurarse de que su patrimonio, incluso tras la escisión de la Standard Oil, jamás fuera dilapidado por su descendencia.

Estos Trusts siguen en funcionamiento más de 170 años después de su fallecimiento y han multiplicado por más de diez su patrimonio, que asegura la prosperidad de toda su descendencia y la financiación de obras benéficas.

El ejemplo merece detenerse en él para quienquiera que considere que los esfuerzos de toda una vida tienen valor y deben ser respetados.

En HARLINGTON, es nuestra convicción.

Preguntas frecuentes sobre la transmisión del patrimonio a lo largo de varias generaciones

¿Se puede transmitir la propia fortuna a lo largo de varias generaciones?

Sí, pero debe anticiparse. Sin organización, un patrimonio se diluye a menudo en dos o tres generaciones. Instrumentos como la fiducia (la fiducia del derecho francés), las fundaciones y las estructuras dinásticas permiten encuadrar la gestión y preservar el capital a lo largo del tiempo.

¿Qué es una estructura dinástica?

Una estructura dinástica (trust, fundación, fiducia de larga duración) tiene por objeto conservar y transmitir un patrimonio familiar a lo largo de varias generaciones, encuadrando su uso, evitando su dispersión y protegiendo a los herederos de una gestión imprudente.

¿Cómo preservan las grandes familias su patrimonio?

Las grandes familias adineradas, como los Rockefeller con sus trusts, recurren a estructuras que separan la propiedad del disfrute, profesionalizan la gestión y fijan reglas estrictas de gobernanza familiar para perdurar.

¿Puede la fiducia desempeñar ese papel en derecho francés?

La fiducia francesa, aunque limitada en su duración (99 años como máximo) y prohibida en materia de liberalidad, permite no obstante organizar una gestión encuadrada y una transmisión controlada, como complemento de otros instrumentos patrimoniales.

¿Cómo evitar que mis herederos dilapiden el patrimonio?

Al confiar la gestión a un Fiduciario o al encuadrar los pagos (renta, condiciones de uso), usted protege el capital frente a una dilapidación. La gobernanza familiar y la educación de los herederos completan útilmente estos dispositivos.

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